¿Quién diablos soy?
Mi único objetivo en la vida es poder salir a pasear por las mañanas al fresco mientras pienso y disfruto de pensar. Sin prisa y sin fichar. Y tener una casa con un jardín donde dé mucho el sol y mi perro se tumbe y disfrutemos del sol juntos. Y una barbacoa con un cenador techado y con moreras. Y la nevera llena de verdes.
Me llamo Jose, a secas. Ni José ni Jose Manuel. Jose.
Vivo pegado a Madrid, en junio hago los 32 y hace no mucho me dí cuenta de que no tendría problemas de dinero nunca más.
Es muy probable que no me conozcas de nada, pero bueno, no es relevante ahora.
En cualquier caso, esta es mi web y te doy la bienvenida.
Te cuento un poco dónde he trabajado y tal, por conocernos un poco.
No he estudiado en el IE, no tengo en mi currículum ningún MBA de cien mil, ni me he certificado en IA ni movidas así.
He trabajado como camarero, en una fábrica de perfiles de aluminio, en una depuradora, vendiendo zapatillas en Nike, cajero en Carrefour y dos años en una de las torres de Madrid con temas de consultoría, donde se firman contratos grandes, palabras rimbombantes, reuniones con traje y rentings de Mercedes.
Salgo a pasear cada mañana sobre una hora. Te recomiendo que lo hagas. Dicen que cuando uno sale a andar es cuando el cerebro carbura y surgen las mejores ideas. Yo hago eso, andar y las ideas vienen solas.
Me gusta el crossfit (con camiseta jaja), llamar a la familia que está lejos, las porras los domingos, la pizza margarita y las verdes. Si algo no me gusta son los gurús y los que hablan pero no dicen nada.
Ahora es muy probable que pienses: «¿Y este tío qué cojones sabe de clínicas?«.
Bien.
Déjame explicártelo con un ejemplo muy muy sencillo.
Cuando vuelvo a ver a mi familia y amigos a Alicante suelo almorzar en el mismo sitio.
Es un bareto que hay justo debajo de mi casa. Hace unas tortillas de la hostia. Lo sabemos los que ya hemos ido alguna vez. El problema es que cuando va gente que por lo que sea acaban entrando allí y preguntan qué tal está la tortilla, el camarero solo dice «bien» y se gira.
Nada más. Bien, y se gira.
Seguimos.
Hay otro bar donde paramos de camino a picar algo, a la altura de Albacete.
Este también tiene tortilla, aunque no ganaría nunca a la del barrio, pero hay algo que lo diferencia del otro.
El dueño te mira a los ojos, te dice que está recién hecha, que es la receta de su madre, y que si no te gusta, no pagas.
En tu clínica puedes tener las mejores manos, pero si en el momento de vender alguien mira al suelo, justifica el precio, habla rápido y espera que el paciente decida solo… estás vendiendo la mejor tortilla sin que nadie lo sepa.
Vender no es más que hacer las cosas sencillas y tocar las teclas que hacen que vendas. Y esto es tan sencillo que no se le da importancia. Solemos complicarnos la vida. Se le da importancia a lo difícil, a lo raro, a lo extraordinario.